La leyenda familiar dice que nací con un libro bajo el brazo. Algo de verdad debe subyacer a ese mito, porque en las estanterías de mi casa surgían libros por arte de birlibirloque.

Tal fue la pasión con la que me introduje en ese misterio literario que decidí saber algo de esa ciencia infusa que estaba detrás de la mágica aparición de los libros. Y tanto leí, de tantos tomos me apoderé, que me convertí yo mismo en origen de nuevos enigmas.

El gusto por lo clásico y lo medieval me condujo a profundizar en el género histórico, aunque nunca dejé de dar pasos por la senda de la fantasía heroica.

Tras la publicación del detectivesco Evangelio según Longinus y la antología de relatos de fantasía Lander, legado de reyes, comencé a preparar un libro histórico ambientado en el imperio de Kublai Khan poco antes de los viajes de Marco Polo.

Sin embargo, al comprobar que el proceso de documentación se dilataba, consideré la posibilidad de publicar nuevos libros de fantasía.